Las librerías son protagonistas de la Ciudad de Buenos Aires. La realidad actual, Covid-19 persistente mediante, junto a la cuarentena prolongada, el tele-trabajo, las limitaciones a la circulación y la falta de un apoyo sostenido por parte de las autoridades, significaron un duro golpe para la industria editorial de nuestro país.
Datos preocupantes
A través de un relevamiento realizado por la Cámara Argentina del Libro, se informó que la producción librera pasó de 12,4 ejemplares en 2019 a 8 millones en 2020.
Y si los mencionados indicadores se compararán con los registros obtenidos en 2016, la caída se ubica en el orden del sesenta por ciento.
Es de esperar que a la profunda crisis sanitaria, educativa, económica en la cual se encuentra la República Argentina, se le puedan contraponer, pequeños grandes estímulos enfocados en la recuperación, con un único objetivo: poder salir de la agobiante incertidumbre y de la pérdida de oportunidades.
La CABA, históricamente, se destaca por la cantidad y calidad de librerías ubicadas a lo largo y ancho de su territorio. En su mayoría son espacios diseñados con personalidad propia, pensados a partir de una amplia variedad editorial desplegada para cubrir las necesidades y expectativas de todas las edades, como así también para brindar asesoramiento y por supuesto, concretar la venta de ejemplares.
Algunos nombres, de tantos, que constituyen un verdadero tesoro para los porteños, porteñas, y todos aquellos que nos visitan de diferentes localidades de la República y del exterior también.
Para comenzar, ¿si me permiten? Mencionar la librería “Ateneo Grand Splendid”-considerada las más grande del país, y una de las más hermosas a nivel mundial, se encuentra ubicada sobre la Avenida Santa Fe al 1860.
Otras sugerencias, diría imperdibles por el estilo, y la diversidad de textos, son: “Libros del Pasaje”, Thames 1762, “Eterna Cadencia” en Honduras 5574, “Falena”, Charlone 201 y “Caleidoscopio”, Echeverría 3268, etc.
Más allá del Covid-19 que venimos transitando desde 2020, y las nuevas medidas restrictivas, respetando los protocolos esenciales-barbijo, distanciamiento, y uso del alcohol en gel-, visitar una librería siempre resulta un paseo enriquecedor…Y si es en familia, ¡tanto mejor!
En lo personal, llevo muy presente numerosos locales distribuidos a lo largo de la Avenida Corrientes, desde Ayacucho hacia el centro, en particular, aquellas especializadas en libros “de segunda mano”… ¡Las “perlitas” que pude adquirir!
Gracias a mis padres pude ingresar al fantástico e interminable mundo de la lectura…Cuando empecé a viajar a la “Capital” con amigas del secundario, las librerías, llamadas, “de viejo” o “segunda mano” instaladas en la Avenida Corrientes me enamoraron. Primeramente por la variedad y porque podíamos pasar horas recorriendo los stands, a nuestro ritmo y haciendo todo tipo de preguntas sobre literatura, o Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, José Hernández, filosofía, arte, o los clásicos griegos…de la mano de Esquilo…entre otros…
No en todas las oportunidades, comprábamos, pero en cada una de las visitas, éramos recibidas de la misma manera: ¡amigablemente!
Pasaron algunos años de aquella experiencia iniciada en la niñez, que se potenció en la adolescencia y que por supuesto continúa. Agradezco a mis padres porque además de darme la Vida, me dieron libros y la lectura que continuo transitando, y que pude transmitirle a mi hija, y a todos/as los vecinos/as con los que pueda dialogar…
“Los libros son un alimento”,
“Siempre habrá uno que te este esperando”
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