Una figura icónica del cine argentino, destacada y desbordante, marcó una época en las décadas del 60 y 70, falleció a los 83 años, en la noche del jueves último, en su domicilio ubicado en la Ciudad de Buenos Aires.
Libertad María de los Ángeles Vichich-su nombre real-antes del deceso, había estado internada por un cuadro de neumonía en el Hospital Rivadavia, de donde había recibido el alta.
Ya de regreso en el domicilio, recibió la atención de dos enfermeras a lo largo de las veinticuatro horas del día, a partir de la internación domiciliaria que le organizara amorosamente su única hija, Leonor Barujel-Vichich.
Lo cierto es que el estado de su salud nunca dejó de ser delicado, también se le sumaron dificultades renales, cardíacas y el mal de alzheimer.
De acuerdo con los trascendidos dados a conocer, la atractiva y popular Libertad, una de las emblemáticas “sex-symbol” que dio nuestro país, había empezado a decaer desde hace tres años aproximadamente. Luego de un viaje realizado a España con la idea de vender una propiedad. De vuelta en la Argentina, comenzó un tratamiento para controlar una dolencia cardíaca, pero, y de acuerdo con los mensajes de algunos de sus allegados: “Ella nunca volvió a estar del todo bien…Se la veía muy decaída y pasaba muchas horas en la cama”.
La bella platinada había nacido el 24 de febrero de 1938 en la localidad de Guardia Mitre, en la provincia de Río Negro.
Pertenecía a una familia adinerada, tradicional, y católica. Su padre, se dedicaba a la administración de campos, y en circunstancias no del todo aclaradas, fue asesinado antes que Libertad cumpliera un año de vida.
A los dieciocho años había llegado a la Ciudad de Buenos Aires y gracias a su imponente belleza, y encanto personal, empezó a trabajar de inmediato en fotonovelas, se recibió de maestra, y estudió psicología.
En 1954 se casó con el empresario Leonardo Barujel, quien la lanza al mundo del espectáculo local. Al poco tiempo, las reiteradas discusiones hicieron que el matrimonio se disolviera. De esa unión, nació su única hija llamada Leonor, quien en la actualidad reside junto a su familia en Suiza.
“Liber” filmó alrededor de cuarenta películas en nuestro país y en el exterior. Su primer protagónico fue “La Flor del Irupé”, donde se presentó como “Dios la trajo al mundo”, y el éxito de taquilla: fue absoluto.
Completó más de diez temporadas de teatro latino en New York, Estados Unidos.
Con la producción de Alejandro Romay, en 1975, se animó a un espectáculo típico del teatro de revista, “Qué viva la Libertad” en el Nacional.
Polémica, entusiasta, seductora, feminista, diva, rompió con varias reglas establecidas, fue su propia manager…
Con el tristemente célebre “Rodrigazo”, Libertad perdió el sesenta por ciento de sus ahorros. A pesar de cada obstáculo o contingencia, ella siempre encontraba la fortaleza para seguir adelante.
A través de su amplia trayectoria, y simpatía personal, compartió diálogos con Norman Mailer, Manuel Puig y Vinicius de Moraes, entre otros. Ernesto Sábato la tuvo en cuenta a la hora de escribir uno de los capítulos de su premiada novela “Abbadón el Exterminador”.
Una vida intensa, desde la más absoluta plenitud responsable
Libertad acostumbraba a reiterar la siguiente frase: “Mi premio es apoyar la cabeza en la almohada y dormirme sin problemas”.
Más claro…
Descansa en paz.