Se trata de una enfermedad que afecta a alrededor de trescientos millones de personas sin distinción de edades y a nivel global, de acuerdo con los datos estadísticos dados a conocer por la Organización Mundial de la Salud, OMS.
Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra esta patología que se ha incrementado notablemente a partir de la pandemia, en marzo de 2020 junto a las medidas restrictivas impuestas para enfrentar al Covid-19.
Los grupos etarios donde generalmente se manifiesta son los adolescentes y los adultos mayores. Asimismo, cabe destacar, que está considerada como la primera causa de discapacidad.
Características: Estado de ánimo bajo, sensación de tristeza, falta de energía, motivación, de esperanza, de ganas de disfrutar… Puede presentarse acompañada por alteraciones en el sueño y en el apetito, baja autoestima, ansiedad, sentimientos de culpa, e inconvenientes para concentrarse. Asimismo puede generar estrés, fobias, trastornos obsesivos compulsivos, patologías cardíacas, y de acuerdo con la profundidad del diagnóstico, puede conducir al suicidio.
Aún se desconocen las causas que la originan, pero la ciencia logró identificar algunos de los factores que pueden vincularse con su desarrollo, y son los siguientes: genéticos, bioquímicos o situacionales.
Es decir: antecedentes propios o familiares, estructura hormonal, vivencias traumáticas, dificultades económicas, desempleo, pérdida de un ser querido o de una mascota, divorcios, el hipotiroidismo, la mononucleosis, y el bullying, entre otras afecciones pueden promover sintomatología depresiva…
En los últimos dos años, el Coronavirus y la política de encierro, provocaron la multiplicación de los casos. Entre el treinta y el cuarenta por ciento de la población experimentó o experimenta cuadros depresivos, los que se ven agravados por la incertidumbre, la falta de futuro, el temor a perder el empleo, la falta de contacto con familiares, amigos, y la ausencia de las prácticas deportivas, etc.
Científicamente, está comprobado, que siete de cada diez jóvenes que padecieron el confinamiento, comenzaron a enfermar de depresión. Los especialistas y profesionales en la materia, sostienen que la pérdida de contacto diario con la escuela, los amigos, compañeros de tareas, el personal docente, el aprendizaje cotidiano…y la falta de actividad deportiva, fueron y son, los tristemente grandes promotores de esta realidad.
Los niños, niñas y los adolescentes además de la soledad, padecieron las complejidades de la enseñanza vía Zoom. El proceso educativo esencial para cada individuo supera ampliamente el uso/abuso de las pantallas.
¿Cómo enfrentar la depresión?
Ante la presencia de cualquier indicador, como los mencionados al comienzo, consultar de inmediato a un profesional de la salud mental.
Sugerencias para tener en cuenta: fortalecer el pensamiento positivo, practicar la interacción social, y el estilo de vida saludable, deportes.
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