5 de noviembre de 2026
COMUNAS

Reabrieron la calle Dorrego y Otero y recuperaron un espacio clave en Villa Crespo-Chacarita

El nuevo paso a nivel transformó un área degradada bajo el viaducto San Martín en un corredor seguro, con mejoras en movilidad, espacios verdes y equipamiento deportivo.

La intersección de Dorrego y Otero, en el límite entre Villa Crespo y Chacarita, volvió a integrarse al tejido urbano tras la finalización de una obra que reconvirtió un sector postergado en un paso seguro y accesible para peatones y vehículos. El proyecto, impulsado en la Comuna 15 sobre un área que había quedado inutilizada tras la elevación del Viaducto San Martín, no solo resolvió una barrera urbana, sino que también logró revalorizar un tramo que durante años funcionó como atajo precario y depósito informal de residuos.

La intervención urbanística respondió a una necesidad concreta: restituir la conexión entre dos zonas del barrio que habían quedado fragmentadas. En este sentido, la obra contempló un paso a nivel mixto con calzada y veredas al mismo nivel, accesibles para personas con movilidad reducida. A su vez, se incorporaron espacios de descanso, bolardos de seguridad, pavimento intertrabado gris y detalles en color amarillo que remiten a la identidad del Club Atlanta, institución de referencia en la zona.

Además, en el nuevo corredor se realizaron trabajos de paisajismo que incluyeron la incorporación de canteros a nivel y en altura, con vegetación nativa y un sistema de riego automatizado. Tres columnas del viaducto fueron intervenidas con muros verdes, aportando un valor estético y ambiental al entorno, al tiempo que se redujo la dureza visual típica de las infraestructuras ferroviarias elevadas.

En la misma línea, la propuesta también sumó una posta de calistenia con superficies drenantes y equipamiento deportivo, fomentando el uso recreativo del espacio público y promoviendo la actividad física al aire libre. Así, lo que antes era un punto de tránsito riesgoso se convirtió en un sitio funcional y atractivo para vecinos y transeúntes.

Por su parte, el Club Atlanta proyectó distintas actividades comunitarias para este espacio recuperado, consolidando el vínculo entre la entidad deportiva y su comunidad. La obra, en ese sentido, no solo solucionó una demanda de movilidad, sino que habilitó nuevas formas de apropiación barrial y participación ciudadana.

Asimismo, el ordenamiento del espacio bajo viaducto permitió recuperar terrenos ociosos que ahora pueden ser utilizados de manera planificada, evitando así su degradación. El rediseño del cruce favoreció tanto la circulación como la seguridad, sobre todo en un área que anteriormente representaba un punto crítico para los peatones, quienes solían atravesarla sin condiciones mínimas de resguardo.

A su vez, la conexión entre los dos lados del barrio potencia la integración urbana y mejora las condiciones de vida para quienes residen en las cercanías. Esta intervención no solo facilitó la movilidad cotidiana, sino que también generó un cambio en la percepción del espacio: dejó de ser un área marginal para convertirse en una extensión del entramado barrial, con calidad urbana y sentido de pertenencia.

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