A través del Programa Escuelas Verdes, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires promueve el aprendizaje del ciclismo desde la infancia como parte de un cambio cultural hacia el respeto por el entorno y una convivencia vial responsable.
En un contexto donde el uso masivo de vehículos motorizados genera contaminación ambiental, sonora y visual, además de aumentar la exposición a accidentes y el consumo de combustibles fósiles, la bicicleta se consolida como una alternativa sustentable que cobra cada vez mayor protagonismo en centros urbanos como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A partir de políticas públicas que incluyen ciclovías, bicisendas e intervenciones peatonales, la CABA viene promoviendo activamente el uso de este medio de transporte ecológico.
En este sentido, el fomento del ciclismo no se limita al ámbito del transporte, sino que se extiende al educativo, como parte de una estrategia integral de concientización. A través del Programa Escuelas Verdes, en articulación con la Secretaría de Transporte del Ministerio de Infraestructura porteño y diversas organizaciones, se impulsa la educación vial desde una perspectiva ambiental. El objetivo es incorporar en la niñez valores vinculados con la movilidad responsable y el cuidado del entorno, haciendo eje en la bicicleta como herramienta de autonomía, salud y aprendizaje práctico.
Asimismo, aunque subirse a una bicicleta representa un desafío para muchos niños, debido al temor al tránsito o la falta de acceso a una unidad propia, el aprendizaje temprano ofrece beneficios tangibles. «Los niños ganan confianza para desplazarse entre el tránsito, al tiempo que incorporan normas de seguridad vial y de convivencia fundamentales para una movilidad responsable», señala el texto difundido por el programa. En paralelo, aprenden tareas básicas de mantenimiento como inflar las ruedas, ajustar el asiento o elegir el modelo adecuado para su edad y contextura física.
Por su parte, los establecimientos educativos desempeñan un rol clave en este proceso. Tal como indica el programa, cada propuesta se fundamenta en «impulsar un cambio cultural que favorezca el uso responsable y respetuoso de la vía pública», promoviendo el conocimiento de derechos y obligaciones de cada actor en el tránsito, ya sea como peatón, ciclista, automovilista, motociclista, pasajero o conductor. Este enfoque integral busca fortalecer la convivencia urbana desde una perspectiva de bien común.
Una de las experiencias destacadas es la que lleva adelante Adrián Sánchez, docente y referente ambiental de una escuela pública, quien desde hace años acompaña a los más chicos a perder el miedo a pedalear. Gracias a su iniciativa, esta práctica se ha extendido a más instituciones educativas porteñas. Según el educador, algunos de los consejos clave para enseñar a andar en bicicleta son no utilizar rueditas, buscar un entorno calmo, y generar un clima de confianza. Recomienda también «tener una patacleta o bicicleta sin pedales diseñada para niños pequeños, o sacarle los pedales a una bicicleta», y asegura que «es fácil y seguro» siempre que se garantice que el niño llegue bien al piso y mantenga la vista al frente.
De tal modo, la clave radica en practicar y acompañar. Sánchez propone que los adultos permitan que el niño explore, cometa errores, y que celebren sus avances: «Dar las indicaciones con anticipación» y «hacer hincapié en los progresos» son pautas fundamentales, señala.
Además, en la página web oficial del Gobierno porteño, a través del sitio de Escuelas Verdes, se puede acceder a manuales, guías y otros recursos educativos sobre movilidad sustentable y segura, que permiten profundizar en la temática y replicar estas experiencias en más escuelas y hogares de la Ciudad.