5 de noviembre de 2026
CULTURA

Archivos de Infancias propone reconstruir la memoria infantil en el Centro Paco Urondo

La muestra, que abre el 22 de agosto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y puede visitarse hasta el 17 de octubre, reúne a ocho artistas alrededor de los ejes juego, familia y escolaridad para recuperar relatos y objetos que iluminan experiencias infantiles.

A partir del 22 de agosto, el Centro Cultural Universitario Paco Urondo recibirá la exposición “Archivos de Infancias”, un proyecto curado por Paula Doberti y Débora Kirnos que busca interpelar la memoria colectiva y personal sobre los territorios de la niñez. La muestra permanecerá abierta hasta el 17 de octubre, con visitas posibles de 12 a 20 horas, y tendrá su inauguración oficial ese mismo 22 de agosto a las 18:30 en el Salón de las Columnas de la sede ubicada en 25 de mayo 201, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En este sentido, la propuesta configura una oportunidad para observar cómo se construyen recuerdos vinculados al juego, la familia y la vida escolar.

En términos conceptuales, la exposición articula tres núcleos temáticos que atraviesan universos sociales e identitarios múltiples. Así, las obras de las artistas —María Gil Araújo, María Eugenia Cairo, María Ceci, Mariana Jasovich, Laura Kuperman, Florencia Ramondetta, Patricia Rodríguez y Poty Urriza— recuperan y resignifican fragmentos infantiles desde miradas adultas, femeninas y contemporáneas. Además, el proyecto se apoya en archivos diversos: familiares, personales, institucionales y ficcionales, de tal modo que lo exhibido oscila entre registros propios, legajos inventados y repertorios de objetos preservados.

En la memoria conceptual, Doberti retoma el pensamiento de Ticio Escobar para profundizar en la tensión entre memoria y registro. En palabras citadas, “la memoria complementa y discute la objetividad de los registros y actúa como factor de litigio político en torno a la selección, la edición y el destino de los recuerdos. (…) La imaginación poética se apoya en ellos para avistar lo no registrado: para dar cuenta de lo omitido y nombrar lo relegado por las historias oficiales”. De tal modo, la muestra busca reparar vacíos y poner en primer plano episodios invisibilizados por las narrativas dominantes.

El bloque dedicado al archivo escolar propone observar la escuela como institución formadora por excelencia. En este sentido, la exhibición recupera objetos, fotografías y palabras vinculadas a la experiencia educativa que invitan al público a rememorar sus propios trayectos. Asimismo, se interrogan transformaciones en planes de estudio, normas de convivencia y códigos de vestimenta, sin perder de vista que la institución sigue siendo un organizador central de la infancia y la adolescencia.

Por su parte, el archivo lúdico explora la persistencia de prácticas y juguetes a lo largo de generaciones. En la misma línea, las piezas muestran cómo cambian las formas y los objetos, mientras permanecen la risa, la complicidad y la capacidad de imaginar. En uno de los textos curatoriales aparece la consigna “Que nunca nos falte el deseo de divertirnos”, que funciona como recordatorio del valor del ocio como espacio creativo y reparador.

En el apartado familiar, la exposición indaga en los microcosmos que conforman las familias, entendidas como tribus diversas y cambiantes. A su vez, las obras proponen un recorrido introspectivo: cada visitante puede reconocer fragmentos de su propia historia, comparar modos de cuidado y pensar la transmisión de memorias entre generaciones. De tal modo, el montaje habilita reflexiones sobre cómo las casas y los vínculos modelan experiencias tempranas.

La muestra se presenta en formatos heterogéneos que a veces se entrelazan y en otras se aíslan, evocando la lógica de juegos, dibujos y relatos infantiles. Doberti propone pensar en “archivos blandos, abiertos, afectivos” como alternativa a los regímenes de registro más severos, y propone así inventar maneras de archivar que sean reparadoras y que incorporen la dimensión lúdica del recuerdo. En tanto, cada artista vincula su obra con la de las demás, generando un diálogo que amplía los horizontes y plantea nuevas formas de comprender las infancias presentes.

Con entrada accesible y una curaduría que pone en valor registros cotidianos, “Archivos de Infancias” se ofrece como un espacio para repensar lo que conservamos y cómo lo contamos. Por su parte, la exhibición plantea preguntas sobre la memoria intergeneracional y deja abierta la posibilidad de que las nuevas generaciones resignifiquen los modos de jugar, aprender y convivir en la Ciudad y más allá.

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