5 de noviembre de 2026
COMUNAS

Historia de una tragedia en Caballito generada por un caniche

En la esquina de Av. Rivadavia y Morelos en el barrio de Caballito, hace 35 años, una sucesión de eventos extraordinarios dejó a la comunidad conmocionada y desconcertada. En un día que prometía ser como cualquier otro, la historia de una trágica casualidad se tejía implacablemente.

Todo ocurrió un viernes 21 de octubre de 1988. El mediodía avanzaba bajo el sol cálido pero no agobiante de la Ciudad de Buenos Aires, en una época marcada por la incertidumbre y la sombra de la crisis. Las calles estaban llenas de actividad rutinaria: porteros charlando en las puertas de los edificios, señoras realizando sus compras, oficinistas comprando cigarrillos en el kiosco y niños saliendo del colegio para almorzar.

En medio de esta aparente normalidad, un caniche se desplomó desde el piso 13 del edificio ubicado en Av. Rivadavia 6155, impactando en la cabeza de Marta Fortunata Espina, una vecina de 75 años que había salido a hacer sus compras. La muerte de la mujer fue instantánea, producto del aplastamiento de las vértebras causado por el impacto del caniche en caída libre.

La confusión y el caos se apoderaron del lugar mientras testigos intentaban comprender lo sucedido. Los primeros en llegar a la escena se abalanzaron sobre la mujer en un intento desesperado por reanimarla, pero fue en vano. En ese momento, nadie podía imaginar que este sería solo el inicio de una serie de tragedias.

Mientras la multitud se aglomeraba en la escena del accidente, un colectivo de la línea 55 atropelló a una mujer que se había acercado al lugar por curiosidad. La víctima, Edith Sola, de 47 años, murió en el acto, añadiendo una segunda tragedia al ya incomprensible suceso.

La falta de un semáforo en la esquina de Rivadavia y Morelos y la falta de sincronización de los semáforos cercanos contribuyeron al caos. La confusión se multiplicaba entre los testigos, quienes especulaban sobre las causas de los sucesos. Algunos hablaban de un infarto, otros mencionaban un tropezón, pero pocos se atrevían a afirmar que un caniche se había precipitado desde el piso 13.

La confusión continuó mientras una tercera tragedia se gestaba. Un hombre que había presenciado los eventos previos comenzó a sentirse mal y buscó refugio en una concesionaria de autos cercana. Los médicos de una ambulancia que estaba en la zona lo asistieron, pero lamentablemente no pudo sobrevivir a la crisis cardíaca y falleció antes de llegar al hospital.

La comunidad quedó atónita ante esta sucesión de eventos inexplicables. Los relatos posteriores de la tragedia y la conmoción inmediata persisten en la memoria de aquellos que estuvieron presentes o escucharon los detalles.

La prensa de la época, sorprendentemente, apenas dedicó espacio a esta tragedia en sus páginas, y el tema desapareció rápidamente de los medios. Sin embargo, a medida que el tiempo pasó, la historia cobró notoriedad nuevamente gracias a Internet, las redes sociales y la viralización, convirtiéndose en una de las historias más recordadas cada 21 de octubre.

La historia también llegó al cine, siendo representada en la película «Medianeras» de Gustavo Taretto, donde se recrea la caída de un perro y las tres muertes que le siguieron, aunque con algunas diferencias en la ubicación y los personajes involucrados.

El caniche que cayó desde el piso 13 y desencadenó tres muertes es un recordatorio inquietante de cómo la vida puede cambiar en un instante, dejando a la comunidad impactada por una tragedia que desafía toda lógica y razón.

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