5 de noviembre de 2026
SOCIEDAD

Cada vez más gente visita los restos de Mama Antula en Balvanera 

En la Basílica Nuestra Señora de la Piedad, ubicada en el barrio porteño de Balvanera, descansan los restos de la beata santiagueña María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula. Estos restos, que recibieron «un entierro sencillo, de pobre», se han convertido en un lugar de peregrinaje cada vez más concurrido, según el párroco Raúl Laurencena.

Mama Antula nació en Silipica, provincia de Santiago del Estero, en 1730, y a los 15 años consagró su vida como beata. Cuando los jesuitas fueron expulsados del Virreinato del Río de la Plata, ella asumió un papel central, organizando ejercicios espirituales junto a otros sacerdotes y laicos. Su llegada a Buenos Aires por el antiguo camino que hoy es la Avenida Rivadavia la dejó sucia y vestida con un hábito negro donado por un jesuita, lo que la hizo víctima de calumnias y ataques.

Refugiada en la capilla colonial de la Piedad, ubicada donde ahora se encuentra la Basílica Nuestra Señora de la Piedad en Bartolomé Mitre 1523, Mama Antula expresó en su testamento el deseo de un entierro sencillo y humilde en ese lugar. A pesar de este deseo, las hermanas que la conocían colocaron un ornamento sobre sus restos para poder identificarla posteriormente.

Hoy, un altar en el lado derecho de la basílica honra su memoria, junto a vitrales donados por sus descendientes que representan su legado. Cristina Fernández de Kirchner, entonces Presidenta de la Nación en 2014, declaró la tumba de Mama Antula como Sepulcro Histórico Nacional.

El altar exhibe una serie de imágenes que simbolizan su vida espiritual, incluyendo el primer milagro que se le atribuyó, su trabajo en ejercicios espirituales, y la introducción de la devoción a San Cayetano, gracias a sus esfuerzos.

Raúl Laurencena, el párroco de la Basílica, resalta la importancia de Mama Antula como un modelo de fe y servicio a los más necesitados en tiempos complejos. Su figura, poco conocida hasta ahora, está ganando notoriedad, atrayendo cada vez a más personas que la visitan y dejan flores y velas en su honor. Con su reciente beatificación por el Vaticano, se espera que este flujo de devotos crezca aún más.

Omar Villalba, quien trabaja en la seguridad de la basílica desde hace siete años, comparte una anécdota de la llegada de Mama Antula a Buenos Aires, subrayando la hostilidad que enfrentó y su decisión de descansar en la Piedad. Su legado perdura, y su historia se enriquece con el tiempo, sirviendo de inspiración a quienes buscan fe y fortaleza en estos tiempos desafiantes. Mama Antula, una figura que el tiempo no olvida, se convierte en un faro espiritual para los argentinos.

 

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