Cerró sus puertas el mítico restaurante Pippo del centro porteño

La mañana del martes comienza con una noticia que nadie quería escuchar, pero el tránsito de la pandemia y sus consecuencias hicieron que bajara su persiana uno de los íconos gastronómicos e identitarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Pippo, será por siempre recordado por sus múltiples platos abundantes con sabores caseros, con los “vermicellis al tuco o al pesto” en el paladar de los comensales como ejemplo de la variada carta especializada de pastas artesanales o sus variedades de parrilla, carnes, cerdo o pollo.
Pionero en su actividad, la historia de este emblemático bodegón comenzó un 2 de junio de 1937 en Montevideo 341 a pocos pasos de Corrientes, la tradicional avenida que nunca duerme, pero la pandemia apagó sus luces por un período muy prolongado.
Sin dudas un local que los porteños recordarán por sus particulares mesas de madera, los manteles de papel blanco grisáceo, el contenedor de vino de la casa en forma de pingüino, los mozos profesionales con sus trajes impolutos, las largas filas que había que realizar para poder ingresar, y ese ambiente tan especial, familiar, íntimo, de complicidad, donde el tiempo siempre parecía detenerse para disfrutar “hasta que las velas no ardan.
Ese lugar entrañable, donde se realizaban juntadas para la reunión semanal con almuerzos o cenas entre amigos, o la comida luego de la salida del Teatro o el Centro Cultural San Martín o después de asistir a alguna exhibición de films del circuito no comercial de los cines de la zona.
Para los ciudadanos más antiguos, a los que el comedor además de a sus estómagos le llegó al corazón, para quienes ir a Pippo era una tradición ciudadana que tuvo ochenta y tres años de historia. Algunos de ellos, memoriosos habitúes, rememoran que las conversaciones de media noche muchas veces tenían a su lado a figuras de la cultura nacional sentadas a una mesa de distancia, como ser la mano del Negro Olmedo, Tato Bores, el Rey Palito Ortega, Jorge Porcel, Luis Alberto Spinetta, Edmundo Rivero, Luis Sandrini, Malvina Pastorino, Horacio Acavallo, Ringo Bonavena, el Mono Gatica, el Loco Gatti, entre otros grandes exponentes de nuestro registro cultural, agregaban a la velada un espectáculo aparte de acceso libre y gratuito.
Si bien, realizaron incontables formas para evitar el cierre del restaurante, la consecuencia de la pandemia del Covid19 y las medidas de aislamiento social preventivo obligatorio implementadas a partir del decreto gubernamental del 19 de marzo pasado, que generaron una crisis económica en muchos locales de la Ciudad, terminaron de generar un embudo del cual no pudieron salir y debieron bajar las cortinas del histórico Restaurante que por muchos años fue punto de encuentro de varias generaciones de argentinos y también turistas que visitaban el centro porteño.
Podemos afirmar que Pippo nos cautivó con su magia, la buena onda, simpatía, la generosidad y el sabor inconfundible de sus porciones, las paneras y queseras repletas, todo: a precios realmente económicos. Un combo de esos que no se repiten, y que por supuesto, vamos a extrañar.

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