Avances en la investigación de desórdenes alimenticios

En un esfuerzo por comprender a fondo la comunicación entre el tracto digestivo y el sistema nervioso, investigadores de la Universidad de La Plata, Conicet y la Cicpba han centrado sus estudios en diversas hormonas que desempeñan un papel crucial en la regulación del apetito y la saciedad. Este equipo del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (Imbice) busca arrojar luz sobre los desórdenes alimenticios, como la obesidad, los atracones y la ingesta insuficiente de alimentos.

En el marco de esta investigación, se ha explorado minuciosamente la interacción entre hormonas producidas por el tracto gastrointestinal y el sistema nervioso. El director de Imbice, Mario Perelló, destaca la importancia de entender cómo estas hormonas afectan aspectos como el hambre, la saciedad y los niveles de glucosa y triglicéridos en sangre. «Intentamos ir desde aspectos netamente moleculares de cómo funcionan estos sistemas hasta realizar estudios en personas, que los llevamos adelante en colaboración con centros de salud», señala Perelló.

En este sentido, se ha centrado la atención en la hormona ghrelina, producida en el estómago, y su impacto en las regiones cerebrales de ratones. Perelló comenta: «Desde el 2010, en el Grupo de Neurofisiología hemos estudiado las bases neurobiológicas a través de las cuales la hormona ghrelina actúa sobre algunas regiones del cerebro de ratones estimulando el placer experimentado al comer un alimento con alto contenido calórico».

Franco Barrile, miembro del equipo de trabajo, agrega otro componente de interés: «Entre estos pares de receptores podemos encontrar que el receptor de la ghrelina interactúa con el receptor de GLP1, o con el receptor de cannabinoides, que entre otras cosas media las acciones de los compuestos psicoactivos de la marihuana». Esta compleja interacción entre hormonas y receptores en el cerebro ha llevado a repensar la regulación de la ingesta de alimentos.

Barrile destaca la importancia de entender la adaptación del organismo a condiciones metabólicas adversas, como el ayuno. «En el laboratorio encontramos que, ante un balance energético negativo como el ayuno, el receptor en el cerebro de la ghrelina es necesario para que los animales puedan adaptarse y subsistir a estas condiciones metabólicas severas», explica.

«Conocer mejor cómo funcionan estos sistemas que controlan el apetito facilitará el desarrollo de terapias para regularlos y minimizar los efectos adversos», enfatiza Barrile. En esta línea, se están llevando a cabo investigaciones sobre el fármaco liraglutide, que muestra potencial terapéutico para combatir la diabetes mellitus tipo 2 al unirse al receptor de GLP1. Mario Perelló concluye subrayando la importancia continua de investigar estos sistemas en contextos patológicos, reconociendo el marcado interés clínico en la comunicación entre el tracto digestivo y el cerebro.

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